Gozzzzzzzo
El (sonido) de la serpiente
Estoy a punto de abrir el telegram que acogerá a las mujeres del primer grupo de estudio del registro akáshico. Digo - estoy a punto - porque tengo encima de la mesa de mi sala mi nueva agenda con un gran buho de portada, una taza de cacao con café esta vez, las cartas del oráculo reposando sobre el papel que elegí para escribir el llamado que llegó hasta la psique de cada una de las mujeres que hoy conforman tanto el primer, como el segundo grupo de enero del dos mil veintiséis.
Cada vez que me encuentro ante el inicio de una creación, se entremezclan dentro de mí un coctel de nervios e ilusión. Nervios porque sé la responsabilidad en la que estoy metida. Ilusión por viajar hasta el diez de diciembre, el día de cierre — para ser testigo de lo que dentro de cada una (y dentro de mí) sucederá como consecuencia de este recordar.
Ese coctel sabe como este mocka: dulce y amargo.
Amargo porque he estado habitando unos miedos muy antiguos, la voz de una mis ancestras que me dice que tema. En esta temporada he estado viendo de frente el miedo que se me despierta ante tanta sensibilidad, a volver a estar sola de nuevo en este frío bosque, en esta húmeda montaña. Escribo esto mientras él sale de la puerta a hacer unas vueltas. Hace tan sólo una semana le hubiese implorado que se quedara conmigo, que no me dejara sola. ¿Por qué tanto miedo a estar de nuevo sola…? Me lo venía preguntando desde que nuestros amigos se fueron a volar a la eternidad hace tres semanas atrás.
No quiero estar sola.
No quiero estar sola.
No quiero estar sola.
Me lo repetía sin parar, sobre todo cuando la noche volvía a tocar.
Cuando el sol estaba por esconderse, algo por dentro se me paralizaba muy fuerte.
Poco a poco, con suavidad, compasión y amabilidad, he vuelto a abrazar a mi niña. Entre mis brazos la he tomado para volverla a arrullar, para cantarle canciones de cuna hasta dormirla rezándole al ángel de la guarda como solíamos de noche recitar. A esta niña la he vuelto a ver nerviosa, angustiada, inquieta por saber que su miedo más grande, al mundo invisible, a lo que no se ve… es el camino que se le ha asignado transitar en esta bendita encarnación. Lágrimas caen en este momento por mis mejillas. No las quiero esconder. No las quiero maquillar. No las quiero ignorar.
No son de tristeza.
Son de devoción.
Sí.
Son lágrimas de devoción.
Me arrodillo ante este camino.
Me arrodillo ante este altar.
Me arrodillo ante mi alma valiente que ha decidido en sus miedos verse. Que sabe que estos cinco años de aprender a navegar ‘lo que no se ve’ — la han estado preparando para este momento en la línea de espacio y tiempo de su vida. Me arrodillo ante cada mujer que ha decidido verse en este don. Que ha elegido no dejarlo para después. Que ha encontrado en mí un lugar seguro para bucear su ser. Me arrodillo ante el llamado que escuché. Me inclino ante la sabia que me habita.
Me arrodillo ante cada miedo.
Grande.
Pequeño.
Nuevo.
Viejo.
Ante cada miedo que valiente me han hecho.
Ahora el dulce de este coctel.
Dulce…
Háblame dulce.
*Tomo un sorbo de mocka para escuchar.
*Apago la música para en silencio envolverme.
Este dulce sabe a las gotas de sol que en este momento vuelven a caer a través de las ventanas del techo de mi casa. A la canción que no paro de repetir en loop que de The Field me habla. Sabe a las palabras que escuché ayer de mis vecinos que son familia en ahora mi casa. Este dulce es la carta que del oráculo acaba de salir que me recuerda que estoy floreciendo en esta etapa. Una de cosecha. De celebración. De riqueza y abundancia. Esta carta me dice que baile, que ría, que disfrute de lo que con mi camino, en mi presente he creado. Que recuerde que estos grupos, son el inicio de un gran camino que me invita a no hacerlo más, jamás de los jamases… sola.
Esto no es para caminarlo sola.
Eso no es para caminarlo sola.
Esto no es para caminarlo sola.
Me lo repito como un mantra porque sé, que por eso ésto no es una creación individual; esto es una colectiva, circular — permeada por las historias, los saberes, los caminos, los dones y voces de cada ser que decide compartir su don en alegría.
Sí, en alegría.
Porque me cansé de que el camino de la liberación se sienta pesado.
Porque siento dentro de mí la voz de N que me dice: ‘Ani, qué cansancio…’
Elijo el camino del goce para recordar lo que se me ha entregado.
Por eso mi palabra para este año: gozzzzzzo.
Sí.
Con muchas zetas.
Para que vibre por todo mi cuerpo como el sonido de la serpiente.
Inténtalo…
Luego me cuentas que sucede.
Así que vida, sin más preámbulos, sin más dudas, ni miedos, ni pensamientos limitantes — me voy a darle forma a nuestro salón digital, ese que sostendrá nuestras preguntas, nuestras respuestas, nuestras historias, nuestras revelaciones y nuestras expansiones. Gracias mujeres por la valentía de dejar la razón a un lado para seguir este salvaje llamado.
Bienvenidas.
Esto apenas está comenzando.
Ana María
Pd. si haces parte de este primer grupo, nos leemos por telegram — this is happeningggg! 💫 Y si tienes curiosidad de saber más del arte de la canalización, te recomiendo los últimos tres episodios del Podcast (88, 89 y 90)
Y!! — aún no he anunciado por ig pero la agenda para lectura individual de registro akáshicio para Noviembre acaba de ser abierta. Info y reservas en este link.


